Fair play en el escenario “mundialista”

Siendo muy niño descubrí que el fútbol generaba en mis amigos una atracción incontenible y desbordada pasión. Llanto, risa, conflictos, odios y rencillas. Nunca descubrí las razones para entender esta situación, hice un enorme esfuezo por entenderlo pero fui cayendo en una decepción enorme. Nunca fui un destacado del balón, es verdad. Es más, mis amigos me odiaban en el campo, no querían verme a la hora del encuentro. Pero para mí el valor estaba en estar con ellos un rato más. Nada más.

Después de un tiempo, mi cabeza “filosofera” llegó a la conclusión y de la manera más “facilona”, que éramos unos niños y los niños son bastante desfasados en sus demostraciones pasionales. Pero pasó el tiempo y el mundo de los adultos llegó, yo me contaminé de esa permanente y extraña rendición al juego y la desilusión fue mucho mayor.

Tribus enteras lloran, se enfrentan y en ocasiones se matan por ver perder a un equipo con una pelota. No significa nada, absolutamente nada, ni siquiera sus protagonistas son héroes de nada, sencillamente han hecho su labor deportiva. Los beneficios económicos se los llevan 4 gatos y a ese equipo (conglomerado de empresas multinacionales que ni siquiera corresponden a un mismo país) cargado en hombros, no le interesa absolutamente nada el aficionado ni su partido del día a día con todas sus luchas internas. Algunos dirán que carezco de apegos, pero les digo que no promulgo patrioteras convicciones (“ancha es Castilla” Descubrid lo ácido del asunto). Otros que no tengo capacidad de ver las cosas con criterio deportivo o meramente divertido, pero la verdad es que me aburre un poco mucho. He visto algún partido (lo confieso) pero es por que me importa más compartir el momento con las personas de mi afecto y es muy probable que en aquel momento no me enterara de nada mientras ocurría el encuentro. nunca veo fútbol solo, no me interesa. No voy mucho más allá de lo que es, no tiene importancia.

Mis amigos y enemigos dirán más cosas de mi y en muchas tendrán razón, sin embargo sigo sin entenderlo. Hoy he visto llorar a un hincha “brasileiro” abrazado a un trofeo de fantasía como si fuera su madre muerta, ha perdido su equipo en “franca humillación” según los medios de prensa mundiales. Por que a los “medios de prensa mundiales” les encanta vender “la tragedia”: “Fue algo indigno” “Apaleados” “Les han dado una paliza” “humillados” “histórica derrota moral” “Un pueblo entero sumido en la tristeza” “La verguenza del pueblo” “Los jugadores piden perdón a su país”. -¿Un poco desfasado no? -¿tú crees?, comento yo en el café del desayuno.

Periodistas que se saben ganar su pan honestamente, son capaces de dar (tímidamente no vaya a ser que desaparezcan y son pocos) titulares reveladores del estado del “escenario mundialista”: Hace dos días en un diario local de Colombia “Grupos paramilitares pagados por multinacionales y a la sombra del gobierno, desmembraron vivos y a machete, niños y abuelos sin ningún motivo” (recordemos que fueron grupos instruídos por mercenarios israelíes, véase caso Yair Klein). Hoy no encontré por ninguna parte titulares que reivindicaran la dignidad de esas personas olvidadas, ni siquiera un tímido “Pueblo sumido en la tristeza”. Un partido perdido en franca indignidad y lesa humanidad.  Ayer:  “El ejército Israelí bombardea Gaza”. Su nauseabunda impunidad moral los hace poderosos y han ganado este encuentro, sin embargo enormes dudas me quedan de su poderío descontrolado y de sus manipuladas justificaciones sobre rockets que se estrellan cerca de una escuela en Tel Aviv mientras nuevamente tímidos periodistas nos revelan imágenes de niños quemados por bombarderos a reacción y desmembrados por las explosiones. Ningún titular que les devuelva la dignidad, y ellos, que ya abandonan el infortunado juego, se van sin ser héroes de nada, sin ir a hombros de nadie, nadie los recordará. “Daños colaterales”, “Israel hace todo lo posible por no fallar cuando apunta el disparo” (?). Hoy: “Aparecen cuerpos de civiles asesinados en Irak”. Ninguna respuesta en las cabeceras de los “medios” que deshagan el hechizo de la humillación y de la mentira humana.

Llorarán las Madres Palestinas a sus niños, aferradas a un triste cajoncito que nadie verá, llorarán los familiares a aquellos que se fueron hace años sin razón y nunca regresaron, llorarán los hijos de las civilizaciones la tristeza y la desolación en la que quedaron sus tierras, lloraremos la injusticia muy tarde y el mundo seguirá sumido en pasiones desbordadas de barato titular, de pasquín mañanero, de banderas y patrias trasnochadas. Nunca un titular de prensa reflejará que hemos perdido todos y que no somos seguidores fieles de nada. El fútbol no tiene la culpa pero las pasiones que genera no corresponden, no proceden, algo ha fallado. Ataques desproporcionados contra pueblos enteros, intereses políticos, militares, mafiosos, no sé nada en realidad pero por ahí va el asunto.

“Fair Play” en el juego mundialista y en el personal también, cada quién con sus cavilaciones (no se lo digo a nadie, me lo digo a mí mismo).

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Cuando el pueblo es el enemigo

Creer que las instituciones del estado son garantes de la protección ciudadana es un absurdo engaño, el que quiera ser estúpido que siga empleado en ello. ¿No hemos advertido que hace ya bastante tiempo dejó de existir la democracia? Por ende la responsabilidad que le otorga el pueblo al gobierno de responder por la gestión de nuestros bienes comunes ha cesado y los que gobiernan actualmente son delincuentes que se han hecho con el poder a base de prebendas mafiosas, abusos y financiación ilegal por grupos privados de diversa índole delictiva.

Las denuncias de organizaciones internacionales de derechos humanos hablan muy claro sobre la privatización de países enteros por macro-grupos económicos internacionales desde hace ya varios años. Tierras cultivables, recursos fuviales, carreteras, empresas de servicios públicos, industrias de producción agrícola, hospitales, medios de comunicación; han caído en manos de multinacionales expertas en el abuso de poder y en la gestión netamente capitalista. Su costumbre es destruir las democracias comprando partidos políticos que facilitan a estas franquicias del horror, el desplazamiento forzado de pueblos enteros con extrema violencia, para apropiarse de países que más que territorios soberanos se han convertido en fincas privadas donde la única ley es la que impone su “legítimo dueño”. El último informe del Foro Social Mundial expone que en Colombia cerca del 80% de la tierra y los recursos están en manos privadas. Esto es muy grave. Desde el año 1996 hasta el año 2012 la venta de territorio se disparó un 50%. Es muy probable que los países latinoamericanos con escuela política neoliberal se hayan convertido en cotos particulares de fascismo donde el “estado” es un “ente” (en toda la extensión de la palabra) que sólo está al servicio de su pagador o dueño, generalmente corporaciones de renombre, empresas privadas de explotación minera, macro industrias agrarias, farmacéuticas, banca privada, redes internacionales de control de drogas y armas, gobiernos multinacionales con ejércitos privados y leyes muy claras en cuánto a la defensa de sus nuevas tierras y la expulsión de sus pobladores habituales.

No seamos imbéciles, los gritos y arengas de la población afectada no serán escuchados por nadie. Las corporaciones internacionales y los gobiernos mafiosos (Léase: títeres comprados por un sistema capitalista) han creado un escenario de esclavitud y totalitarismo alimentado por la aberrante ambición de unos pocos, fundamentada en el control de los recursos básicos para la humanidad. Es por eso que gigantes como la estadounidense Monsanto, entran ahora en el panorama nacional y pretenden venderle a nuestros campesinos las semillas que nuestra propia tierra ya producía en ausencia de la llamada “civilización moderna” con sus entramados socio económicos de destrucción. Sin distingo de color, legislatura tras legislatura, Hemos sido testigos del desmantelamiento de lo público, del llamado “sistema del bienestar ”que no es más que el conjunto de recursos naturales,  bienes comunes, empresas y servicios que nos aseguran alimento, salud, educación y trabajo y que ahora son reducidos a carroña monetaria para buitres que se dedican al desguace de las soberanías. Por esta razón, el pueblo legítimo se ha convertido en el primer enemigo a combatir. Ya no importan al gobierno las manifestaciones en pro de la  reforma agraria, las proclamas por lo público, ni las exigencias por garantizar derechos fundamentales, puesto que lo público ya no existe, la tierra ya no nos pertenece ni el lugar que habitamos por derecho propio desde nuestro nacimiento. Ellos tienen a su disposición mecanismos para someternos a la indigna precariedad del desempleo, las burbujas financieras, el hambre, y el desplazamiento masivo y si esto falla entonces sacarán a la calle sus ejércitos educados para la guerra, mientras los recursos de nuestros países realmente ricos, cotizan al alza en las pantallas de la bolsa internacional dejando a nuestros campesinos y ciudadanos sumidos en la violencia, el abandono y la pobreza absoluta.

No hay nada más en torno a este problema, no es ni siquiera que los gobiernos sean malos gestores como pensábamos. la única realidad es que los gobiernos no son gobiernos, son capataces o “lavaperros” como se les conoce en el argot mafioso a los delincuentes de más bajo perfil, contratados con la única función de “limpiar” el terreno y deshacerse de problemas que impidan la cotización de insumos en la carrera económica mundial. Y hasta ahora estos delincuentes lo están haciendo muy bien. A estas alturas no sé cuál sea la más acertada acción civil ni cuál la más honesta decisión personal, también hemos sido responsables directos de todo este despropósito por permitirlo continuadamente y desconocer nuestro entorno, viviendo una irrealidad constante. Quizás el camino sólo sea recuperar un sólido carácter moral que nos permita definirnos nuevamente como humanidad, reconsiderar nuestros valores y construir desde el concepto de respeto por la tierra y por el bien común, darle de una vez el verdadero valor a los derechos humanos que tanto desconocemos en Latinoamérica. Identificar los mecanismos que usan los corruptos para inducirnos al error, desconocer a los gobiernos viciados que controlan el poder político y declararlos ilegales en un sublime acto de desobediencia, aunque sólo sea un mero acto de convencimiento personal. Y esperar, esperar hasta que el mundo entero avance en la misma dirección.